La épica es un espejo: cada medio ve lo que necesita ver
Apenas el árbitro pitó el final en Atlanta, dos maquinarias narrativas se activaron en direcciones opuestas. Del lado argentino, Olé tituló con las palabras «épica» y «milagro», como si la remontada del 86 y el 92 no admitiera otro lenguaje. Del lado inglés, los mismos 90 minutos se convirtieron en «fracaso» y «dolor», omitiendo que Inglaterra llegó a semifinales, tuvo el partido controlado durante más de una hora y cayó por dos fogonazos en el último suspiro.
La prensa internacional, mientras tanto, bendijo la remontada como «histórica», un adjetivo que en el fútbol de selecciones se ha devaluado tanto que ya se aplica a cualquier partido con emoción en el descuento. Lo que casi todos omitieron fue la polémica arbitral que sectores británicos consideran determinante: sin los detalles de esas jugadas sobre la mesa, la palabra «épica» funciona como un escudo que blinda a Argentina de cualquier escrutinio incómodo. Lo que este partido deja no es solo un finalista, sino un catálogo perfecto de cómo los medios nacionales convierten un mismo marcador en dos películas distintas.
“Cuando dos goles en los últimos minutos se convierten automáticamente en «milagro» o en «tragedia» según la nacionalidad del que escribe, el periodismo no está narrando el partido: está narrando lo que su audiencia quiere escuchar.”
