Cuando el drama vende más que el mérito
La jornada de dieciseisavos del 29 de junio dejó tres definiciones cargadas de dramatismo, pero la lectura mediática reveló grietas previsibles según el origen de cada redacción. Los medios españoles (RTVE, Cadena SER, El Español) se apresuraron a etiquetar a Alemania como «la primera gran víctima del Mundial» y a hablar de «fracaso alemán», una narrativa que reduce una eliminatoria pareja, resuelta por penales ante un Paraguay que hizo su partido y tuvo a Orlando Gill como figura, a una tragedia exclusiva del perdedor europeo. El mérito guaraní quedó relegado a una nota al pie del supuesto descalabro germano.
En las antípodas de ese encuadre, DW (medio alemán) prefirió destacar precisamente la actuación de Gill y calificar la eliminación como «una de las mayores sorpresas del Mundial», un gesto de autocrítica que contrasta con el paternalismo doliente de las cabeceras españolas. La diferencia es sutil pero elocuente: donde unos ven un gigante caído, otros ven un rival que supo ganar.
El otro foco de parcialidad se encendió en Monterrey. La cobertura mexicana (Milenio, Debate, Sopitas) del Países Bajos-Marruecos viró hacia la euforia por la «despedida épica» de la sede mexicana, convirtiendo el escenario en coprotagonista y diluyendo el análisis táctico en una celebración local. Mientras tanto, la remontada agónica de Brasil con gol de Martinelli en el minuto 95 fue narrada por los medios sudamericanos (ADN Sur, El Espectador) en clave de épica y sufrimiento redentor, sin que nadie se detuviera a cuestionar por qué una selección de ese calibre necesitó un zarpazo en el descuento para doblegar a Japón.
Sporting News y FutbolRed unificaron la jornada bajo la etiqueta de «inolvidable», un adjetivo cómodo que exime de explicar qué hizo bien cada ganador. La regla no falla: cuando hay drama, el análisis se rinde ante la narrativa; cuando hay gigante eliminado, el mérito ajeno se vuelve invisible.
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