Cuando el susto del gigante borra la gesta del pequeño
La cobertura del Argentina-Cabo Verde deja al descubierto un reflejo mediático tan automático como revelador: la prensa española enmarcó el partido como una «hecatombe histórica evitada» por la albiceleste, una narrativa que reduce a Cabo Verde al papel de amenaza anónima en lugar de reconocerlo como el equipo que forzó la prórroga, remontó dos veces y tuvo a la campeona del mundo contra las cuerdas hasta el minuto 111. Los goles de Deroy Duarte y Sidny Lopes Cabral, los dos tiempos extra, el autogol de Diney Borges que decidió la eliminatoria: todo eso existió, pero el relato dominante fue el sufrimiento argentino, no la epopeya caboverdiana. La omisión es el sesgo: cuando el gigante tropieza, el mérito del pequeño se difumina antes de llegar al titular.
En el otro extremo, Colombia resolvió su duelo ante Ghana con un 1-0 de Jhon Arias al minuto 14 y un control del partido que la prensa colombiana cubrió con serenidad casi burocrática. Esa misma serenidad, sin embargo, la volvió invisible: los medios internacionales desviaron el foco hacia Egipto, que eliminó a Australia en penales y disputará su primer partido de octavos en una Copa del Mundo. El duelo Messi-Salah ya es el eje narrativo de la semana, y en esa polarización mediática caben el drama argentino y el hito egipcio, pero no una Colombia que avanza sin ruido ni un Ghana que se despide sin obituario. La parcialidad no siempre grita: a veces simplemente mira hacia otro lado.
“El drama vende más que la solvencia, y el gigante tambaleante genera más titulares que el pequeño heroico.”