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Perder sin culpables, ganar sin mesura

Más de un mes después de la final, lo que sobrevive de aquella cobertura no es la hipérbole española sino la sobriedad de la prensa argentina. La rareza no fue quién ganó, sino cómo se narró.

El Reportero · 25 ago

Lionel Messi
Wikipedia (es)

La final del Mundial 2026 terminó 1-0: Ferran Torres marcó al minuto 106 y España levantó su segunda Copa del Mundo ante una Argentina que jugó la última media hora con diez hombres por la expulsión de Enzo Fernández. Sobre ese marcador se escribió, aquella noche, una cobertura de dos velocidades. Los medios españoles compitieron en hipérboles y proclamaron una dinastía; los argentinos, contra toda costumbre, aceptaron la derrota sin buscar culpables.

Esa sobriedad fue lo más notable de la jornada, como registró nuestro digestivo: sin rastro de excusas arbitrales ni teorías conspirativas, una rareza en el ecosistema mediático del fútbol. Clarín, Olé y TyC Sports reconocieron al campeón y prefirieron contar la probable despedida mundialista de Lionel Messi con emoción antes que con agravio. En un periodismo deportivo acostumbrado a convertir cada derrota en un complot, ese gesto vale más que cualquier titular.

Más de un mes después, la hipérbole española ha envejecido mal: un 1-0 en la prórroga no funda un siglo ni convierte a nadie en rey de todos los tiempos. Lo que sí merece quedar en el archivo es la serenidad del subcampeón. Se puede perder una final y contarla con dignidad, sin culpables, y esa es la lección que la conversación del Mundial debería conservar.

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