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Octavos de primera y de segunda

El cierre de los octavos de final expone un patrón consolidado: la atención mediática se reparte con criterio de pedigrí. Argentina y Messi monopolizarán la conversación mientras Egipto, debutante en esta instancia, y el duelo Suiza-Colombia quedarán como notas al pie.

El Reportero · 7 jul

Lionel Messi
Wikipedia (es)

La jornada del lunes dejó una postal que ya es recurrente en este Mundial: un partido acapara todas las pantallas y el otro transcurre en un silencio incómodo. España eliminó a Portugal con un cabezazo de Mikel Merino en el minuto 91 y la prensa europea, española sobre todo, exprimió el dramatismo ibérico hasta la última gota. Mientras tanto, Bélgica goleaba 1-4 al anfitrión Estados Unidos en Seattle y el suceso, siendo histórico (el anfitrión fuera en octavos, encajando cuatro goles), mereció una cobertura sorprendentemente tenue. El sesgo no necesita disimulo cuando el fútbol lo normaliza todo.

Hoy, en el cierre de los octavos, el patrón se repetirá con nombres distintos. Argentina, campeona vigente y favorita al título con un 11.2 por ciento de probabilidad según el modelo de simulación, se mide a un Egipto que ya hizo historia con su primera clasificación a esta ronda. Pero la narrativa está escrita de antemano: si gana Argentina, será un trámite cumplido; si gana Egipto, será la sorpresa del torneo. En ambos casos, el relato orbita alrededor de la albiceleste. Egipto es el invitado de piedra de su propia hazaña.

El segundo turno, Suiza contra Colombia, es un duelo parejo entre dos selecciones que suman argumentos para creer. Los colombianos llegan con un 5.6 por ciento de probabilidad de levantar la copa y un recorrido sólido; los suizos, con la fiabilidad de siempre. Sin embargo, es probable que este partido reciba menos atención que cualquier análisis pospartido del Argentina-Egipto. No es un problema de calidad: es un problema de cartel.

La conversación del Mundial la dominan las selecciones de pedigrí. No es nuevo, pero en octavos de final el contraste se vuelve más hiriente porque ya no hay relleno: todos los que están han hecho méritos. Que un anfitrión eliminado y un debutante histórico compartan el mismo destino mediático (la invisibilidad) dice mucho de cómo contamos este deporte. Y dice aún más de lo poco que hemos aprendido.

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