La prisa por fabricar dinastías
A los pocos minutos de la final, la prensa española ya había coronado a la Roja como la mejor del siglo XXI. Un mes después, esa prisa por canonizar dice más del periodismo que del fútbol.
El Reportero · 18 ago

En la noche del 19 de julio, apenas sonó el pitido final en el MetLife, buena parte de la prensa española ya tenía resuelto un debate que no le tocaba resolver. España no solo era campeona del mundo: era, según los titulares, la mejor selección del siglo XXI y los reyes de todos los tiempos. La hiperbolización no esperó ni al podio. Un equipo que necesitó 106 minutos y la superioridad numérica por la expulsión de Enzo Fernández para doblegar a Argentina fue canonizado como si hubiera dominado una época entera.
Esa prisa revela la pobreza de la conversación. Coronar es más barato que explicar. Decir la mejor del siglo evita contar cómo ganó España: el monopolio del balón, un rival que resistió noventa minutos con disciplina, una expulsión que cuarteó el equilibrio y un solo gol que valió una estrella. El matiz murió bajo el titular. La ecuanimidad quedó en los márgenes: el medio alemán DW fue el más equilibrado y la prensa argentina, de Olé a TyC Sports, aceptó la derrota sin excusas, la otra cara de la euforia.
Un mes después, la coronación envejeció mal, porque el siglo XXI no se decide en un titular. La historia se escribe en décadas, no en la euforia de una noche. La Roja de Pedri, Rodri y Ferran Torres merece celebración; si merece un trono, lo dirá el tiempo y no la imprenta. El periodismo deportivo haría bien en recordar que entre el campeón y la leyenda media algo que ninguna redacción puede acelerar: el paso de los años.
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