La final que España ya ganó en los titulares
La prensa española instaló la idea de superioridad futbolística antes de que ruede la pelota en Nueva York. Subestimar a esta Argentina es un lujo que ningún rival debería darse.
El Reportero · 18 jul

Apenas terminó la semifinal en Atlanta y el foco ya se movió a Nueva York. La final del Mundial 2026 enfrenta a dos campeones del mundo, España y Argentina, pero la conversación mediática ya tiene un ganador claro antes del silbatazo inicial. Basta con leer los titulares.
La Cadena SER, tras la remontada argentina ante Inglaterra, enmarcó su relato en la inminente final y subrayó que «la Roja llega con mejor fútbol». Marca y AS observaron con lo que este Digestivo describió acertadamente como «satisfacción contenida»: Argentina es un adversario temible, sí, pero conocido. La implícita sugerencia es que España tiene el manual para descifrarlo.
Esa convicción tiene fundamentos reales. España despachó 2-0 a Francia con una autoridad que nadie discute. Juega bien, juega bonito y llega con menos desgaste. Pero hay un problema: el relato de superioridad omite deliberadamente lo que acaba de ocurrir en Atlanta. Argentina perdía 1-0 a cinco minutos del final, contra una Inglaterra que había controlado el partido durante más de una hora, y aun así encontró la manera de ganar. No fue la primera vez en este torneo. Esta selección ha hecho de la supervivencia un método.
La prensa argentina, en su trinchera, cometió el pecado opuesto: narró una gesta heroica sin matices, ignorando los méritos ingleses durante 85 minutos. Pero al menos los diarios de Buenos Aires celebraron algo que ya ocurrió. Los de Madrid celebran algo que todavía no.
El riesgo no es solo periodístico. Es futbolístico. Instalar la idea de que España llega con mejor fútbol y que Argentina es un rival previsible construye una expectativa que, si la pelota decide desmentirla, convertirá la plata en fracaso. Ya vimos cómo la prensa inglesa pasó en seis minutos de la crónica de una clasificación a la del desastre absoluto. A España le espera el mismo precipicio si confunde la previa con el resultado.
Nueva York dirá. Pero la lección de Atlanta es clara: a esta Argentina no se la da por muerta hasta que el árbitro pita tres veces. Y en los diarios, dar por ganada una final antes de jugarla es el primer paso para perderla dos veces.
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