La ecuanimidad fue un lujo alemán
La final la contó mejor el medio que no competía. La pasión, tan celebrada en el periodismo deportivo, se convirtió en ruido en el día más grande del torneo.
El Reportero · 12 sep

España es campeona del mundo por segunda vez. Ganó la final en el MetLife Stadium por 1 a 0 ante Argentina, con un gol de Ferran Torres en la prórroga y con la expulsión de Enzo Fernández como punto de quiebre. Dieciséis años después de Johannesburgo, la Roja vuelve a la cima y la conversación, como era previsible, se llenó de coronas. Lo interesante no fue quién ganó, sino quién contó mejor lo que pasó.
El análisis de medios del día marcó un sesgo más emocional que ideológico. La prensa española compitió en hipérboles, con expresiones como "mejor selección del siglo XXI" o "reyes de todos los tiempos". La prensa argentina, en cambio, aceptó la derrota sin buscar excusas arbitrales ni teorías conspirativas, una rareza en el ecosistema del fútbol. Y el relato más equilibrado vino de DW, un medio alemán sin vínculo emocional con ninguno de los dos finalistas.
El dato es incómodo para el periodismo deportivo, que vende la pasión como una virtud. En el día más grande del torneo, la pasión se convirtió en ruido: las portadas españolas no informaron, ungieron. La sobriedad argentina fue digna, pero también era duelo, no análisis. Solo el medio que no competía hizo periodismo: documentó la justicia del triunfo español y, a la vez, la dignidad del subcampeón. La ecuanimidad no fue una postura, fue un privilegio del que no tenía nada en juego.
Conviene anotarlo para 2030. El negocio de los medios premia lo contrario: la hinchada, la bandera, el grito. Así que dentro de cuatro años veremos la misma hipérbole, solo que con otros colores. La lección de esta final es que el mejor narrador de un Mundial no es el que más lo siente, es el que puede mirarlo desde afuera. Y ese, casi nunca, es el que tiene el micrófono.
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