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El último acto del Azteca

El estadio más legendario de la historia de los Mundiales se despide hoy con un México-Inglaterra que la prensa global relega a segundo plano, seducida por las estrellas de la élite europea que brillan en el Brasil-Noruega de la tarde.

El Reportero · 5 jul

Raúl Jiménez
Wikipedia (es)

Ningún otro estadio en la historia puede decir lo que el Azteca. Dos finales de Copa del Mundo: Brasil contra Italia en 1970, con aquel gol de Carlos Alberto que todavía se enseña en las escuelas de fútbol; Argentina contra Alemania en 1986, con Maradona llorando mientras levantaba la copa que había construido con sus propias manos. En ese mismo césped ocurrieron el Gol del Siglo y la Mano de Dios, dos caras de un mismo genio. Hoy, ese escenario sagrado recibe su último partido del Mundial 2026. México se juega la vida contra Inglaterra en octavos de final. Y sin embargo, la conversación global mira hacia Nueva Jersey.

El duelo de la tarde, Brasil contra Noruega, concentra todos los titulares que el Azteca merecería. Vinicius Jr. y Erling Haaland, figuras del Real Madrid y del Manchester City, protagonizan el relato mediático internacional. Es comprensible: son dos de los jugadores más determinantes del planeta. Pero es también revelador. El patrón que el Digestivo de ayer detectó con Marruecos y Francia se repite hoy en formato de previa: para que el fútbol que no orbita alrededor de la élite europea merezca atención, necesita un plus. A Marruecos se le exigió avasallar para recibir elogios justos mientras Francia sufría y su sufrimiento se narraba como gesta. Al México-Inglaterra se le exige competir con el cartel de Vinicius contra Haaland, como si el adiós del Azteca fuera un dato de color y no el corazón de la jornada.

Los números no mienten sobre la jerarquía deportiva: Inglaterra llega con un 7.8 por ciento de probabilidades de ser campeón, según la simulación del torneo; México ni siquiera figura entre los ocho favoritos. Pero el fútbol no es solo probabilidades. Es también memoria, es también lugar. El Azteca es el único estadio tricampeón de finales mundiales en la historia, y hoy se despide con su selección en la cancha, algo que ni el MetLife ni ningún otro recinto de este torneo puede igualar. La prensa europea, sin embargo, cubre este Mundial como una extensión de sus propias ligas: lo que importa es dónde juegan los protagonistas, no dónde ocurre la historia.

México puede ganar o puede caer. Inglaterra puede imponer su jerarquía o tropezar con el peso de 90.000 gargantas. Lo que está en juego esta noche no es solo un boleto a cuartos de final: es el derecho del Azteca a ser recordado por lo que siempre fue, un escenario donde el fútbol se volvió leyenda. Que la prensa global no lo despida con una nota al pie.

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