El sesgo que no lleva etiqueta
La final se contó con más emoción que ideología y por eso casi nadie lo llamó sesgo. La celebración también distorsiona, solo que con confeti.
El Reportero · 18 oct

España ganó la final por 1-0 en la prórroga. Noventa minutos sin goles, una expulsión que desequilibró el tablero y un gol de Ferran Torres al minuto 106 para separar al campeón de la tanda de penaltis. Lo que pasó fue una noche de márgenes mínimos. Lo que se escribió fue otra cosa: "la mejor selección del siglo XXI", "reyes de todos los tiempos". Entre el partido y el titular hay un salto que merece atención.
El análisis de medios del día lo describió con exactitud: el sesgo fue "más emocional que ideológico". Y ahí está la trampa. Al sesgo político le ponemos nombre; a la euforia la llamamos fiesta. Pero coronar como la mejor del siglo a una selección que resolvió en la prórroga, con un hombre más, también es distorsionar. Es borrar el 0-0 de los noventa minutos, la expulsión que partió el duelo y la distancia de un solo gol.
El contraste lo aportó la prensa argentina: Olé y Clarín reconocieron al campeón sin buscar excusas, y TyC Sports prefirió hablar de la despedida de Messi. La sobriedad en la derrota fue la rareza del día. La lección es que el sesgo no siempre llega con bandera. A veces llega con confeti, y entonces nadie lo llama por su nombre.
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