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El ruido se apagó: una semana sin Mundial y con la conversación en pausa

Seis días después de la final de Nueva Jersey, la maquinaria mediática que durante un mes no durmió se ha quedado sin tema. ¿Qué dice ese silencio sobre cómo vivimos el fútbol?

El Reportero · 25 jul

Ferran Torres
Wikipedia (es)

El 19 de julio, a las once de la noche en Nueva Jersey, Ferran Torres empujó un balón dentro del área argentina y el mundo del fútbol estalló. Treinta y un días de cobertura ininterrumpida, cientos de millones de palabras escritas en todos los idiomas, notificaciones a cualquier hora, debates que escalaban de la táctica a la identidad nacional en tres mensajes. Y luego, de repente, casi nada.

Ha pasado una semana exacta y el silencio es ensordecedor. Los mismos medios que desplegaron enviados especiales, que publicaron crónicas minuto a minuto y que compitieron en hipérboles para contar la final (CNN lo hizo con equilibrio, Olé con aceptación, los diarios españoles con euforia desbordada) ahora han replegado sus equipos. Las portadas ya no hablan de fútbol. Las notificaciones volvieron a la política, a la economía, al último escándalo de turno.

No es una crítica. Es una observación sobre cómo consumimos el gran evento global. El Mundial es una conversación de un mes que desaparece sin transición, como si tuviera un interruptor. No hay pospartido del pospartido. No hay desescalada. Del frenesí absoluto al vacío en cuestión de horas.

Y sin embargo, algo queda. Queda la imagen de una España que actualizó su ADN de toque con una presión más agresiva sin renunciar a la posesión, como documentó DW desde la ecuanimidad alemana. Queda una Argentina que defendió el título de Qatar 2022 con dignidad y sin excusas, una rareza en el ecosistema mediático del fútbol que los propios diarios argentinos honraron con una sobriedad inusual. Queda Ferran Torres, el delantero del Barcelona que entró desde el banquillo para grabar su nombre donde solo estaban Iniesta y el gol de Johannesburgo.

Pero sobre todo queda una pregunta incómoda para quienes hacemos cobertura: si el fútbol es realmente el deporte que todo lo llena, ¿por qué su conversación se evapora tan rápido? Quizás porque el Mundial no es solo fútbol. Es un ritual de atención colectiva que dura lo que dura el torneo, y cuando se apaga la antorcha, se apaga también la necesidad de estar conectados. La maquinaria no se detiene porque ya no haya nada que contar. Se detiene porque la audiencia, simplemente, ya no está escuchando.

Hasta el próximo ciclo. Hasta la próxima fiebre.

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