El rival borrado
España y Portugal avanzaron a octavos y la prensa escribió dos historias de héroes únicos. En ninguna de ellas cabían Austria ni Croacia. Hoy, con Argentina en escena, el patrón amenaza con repetirse.
El Reportero · 3 jul

Ayer hubo dos partidos de dieciseisavos. Dos vencedores, dos vencidos. Pero quien leyera la prensa española o portuguesa se habría llevado la impresión de que solo existieron la Roja y las quinas. Austria, ese equipo que sobrevivió a un grupo con Brasil y Serbia, fue despachada por MARCA como un trámite. Croacia, que se adelantó en el marcador con un gol de Ivan Perisic y llevó a Portugal al borde del abismo hasta el minuto 94, apenas mereció un pie de foto en los diarios lusos. El oponente, en el relato hegemónico del fútbol, es un estorbo narrativo: algo que debe desaparecer para que la épica del vencedor brille sin interferencias.
El mecanismo es conocido y no distingue continentes. Funciona igual con la Austria de habla alemana que con la Croacia balcánica: si no eres el protagonista designado, tu historia es prescindible. La prensa portuguesa convirtió el 2-1 en una redención de Cristiano Ronaldo, como si el guion hubiera estado escrito desde el minuto cero y el gol de Perisic fuera una molestia técnica, no un acto de resistencia digna. La prensa española, por su parte, trató el 3-0 como una coronación anticipada y minimizó por omisión todo lo que Austria había hecho para llegar hasta ahí. En ambos casos, el rival no fue derrotado: fue borrado.
Hoy la campeona del mundo sale a escena. Argentina, puntaje perfecto en el Grupo J, se mide a un Cabo Verde que ya protagonizó una de las grandes sorpresas del torneo al frenar a España en su estreno mundialista. Es el día que la prensa global lleva esperando desde que arrancó el Mundial. Y es precisamente ahí donde anida el problema: el relato ya está escrito antes del pitido inicial. Cabo Verde comparecerá como el adversario genérico, el sparring necesario para que la narrativa de la defensa del título arranque sin fricciones. Si Argentina gana, será la confirmación del orden natural. Si Cabo Verde da la sorpresa, el titular será el fracaso argentino, no la hazaña caboverdiana.
El fútbol eliminatorio tiene una crueldad inherente: el que pierde se va a casa. Pero el periodismo añade una segunda condena: el que pierde deja de existir incluso en el relato de lo que pasó. Ayer, Austria y Croacia merecían algo más que la invisibilidad. Hoy, Cabo Verde merece algo más que ser el telón de fondo de la función argentina. Contar el Mundial no es solo narrar quién gana: es también dejar constancia de quiénes lo hicieron posible.
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