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El Mundial que la prensa elige no mirar

La cobertura del torneo revela un sesgo eurocéntrico persistente: mientras las goleadas europeas acaparan titulares, las selecciones sin cartel quedan relegadas a un silencio que dice mucho de quién controla la conversación.

El Reportero · 21 jun

El sábado 20 de junio dejó una postal nítida de cómo la prensa internacional está contando, o más bien seleccionando, este Mundial. Países Bajos goleó 5-1 a Suecia y Alemania remontó 2-1 ante Costa de Marfil. Ambos partidos dominaron las portadas y las crónicas en directo de los grandes medios españoles. Marca, por ejemplo, centró toda su narrativa del día en las selecciones europeas, con una omisión casi total del Ecuador-Curazao que se jugaba en Kansas City. Ese 0-0, con Ecuador obligado a ganar para no descolgarse del Grupo E, apenas mereció un espacio en Infobae dentro del ecosistema iberoamericano.

No es un caso aislado. El sesgo eurocéntrico de la cobertura es estructural. Japón firmó una goleada 4-0 sobre Túnez en el partido 1.000 de la historia de los Mundiales, un hito que debería haber sido celebrado como acontecimiento transversal. Sin embargo, solo recibió tratamiento destacado en medios mexicanos, y por una razón tan prosaica como poderosa: se jugó en Monterrey. France 24 fue de los pocos que le dio contexto histórico al partido milenario y también al esfuerzo de Costa de Marfil. La regla no escrita parece clara: si no hay una camiseta europea de por medio, la noticia existe a media luz.

Este patrón no es nuevo, pero el Mundial 2026, con 48 selecciones y una descentralización geográfica sin precedentes, expone sus costuras con más crudeza que nunca. La conversación global del torneo la dictan unos pocos centros mediáticos que deciden qué merece ser contado. Lo que queda fuera es tanto o más revelador que lo que entra.

Mañana, cuando Argentina y Francia salten al campo como platos fuertes de la jornada, la maquinaria volverá a girar en torno a los nombres que venden. Pero el verdadero drama estará en otro lado: en el Jordania-Argelia, un duelo de vida o muerte entre dos selecciones sin puntos donde el perdedor se despide. Ese partido, salvo que ocurra una catástrofe o un milagro, será contado en sus países de origen y en ninguna parte más. Así se escribe la historia de los Mundiales: con tinta abundante para unos y lápiz prestado para el resto.

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