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El guion ya está escrito

La prensa decidió quiénes son los protagonistas de estos cuartos de final antes de que ruede la pelota. Noruega eliminó a Brasil y sigue siendo tratada como una anécdota.

El Reportero · 11 jul

Erling Haaland
Wikipedia (es)

Ayer, Mikel Merino cabeceó al minuto 88 y la prensa española y británica encontró exactamente lo que buscaba: un héroe individual, un instante de épica para titular, un nombre propio alrededor del cual organizar la crónica. El problema no es el elogio, que fue merecido. El problema es lo que queda fuera del encuadre. Bélgica compitió de igual a igual durante 87 minutos, De Ketelaere firmó su mejor actuación del torneo, y sin embargo la cobertura redujo a los belgas a comparsas necesarios para el drama español. Solo Al Jazeera elevó la mirada y recordó un dato que vale más que cualquier adjetivo: España alcanza apenas su segunda semifinal mundialista.

El patrón se repite hoy, y no hace falta esperar a los resultados para advertirlo. Noruega eliminó a Brasil en octavos de final. No le robó un partido con diez hombres colgados del travesaño: lo eliminó. Y sin embargo, la palabra que la prensa le reserva es «revelación», un término educado para decir que no pertenece a este escalón. Inglaterra llega a la misma instancia con un camino más previsible, y los titulares ya están redactados en borrador: si ganan los de Southgate, será la confirmación de un destino inevitable; si gana Noruega, será la enésima campanada, como si cada victoria noruega fuera un accidente que el orden natural terminará por corregir.

Lo mismo sucede con Argentina y Suiza. La campeona vigente carga con el peso de la narrativa épica, reforzada por remontadas en fases anteriores. Suiza, que acumula 180 minutos de eliminación directa sin recibir un solo gol, es presentada como una muralla que Messi deberá derribar. El guion está servido: el genio contra la resistencia. Pero ese encuadre le niega a Suiza la posibilidad de ser algo más que un obstáculo. Le niega, incluso, la posibilidad de ganar por mérito propio y no por demérito ajeno.

La prensa deportiva tiene un sesgo que no es ideológico sino narrativo. Prefiere al héroe individual sobre el esfuerzo colectivo, al gigante sobre el advenedizo, al drama sobre el análisis. No es una conspiración: es pereza. Es más fácil escribir la misma historia de siempre que detenerse a mirar lo que está ocurriendo delante de las narices. Noruega no es una revelación. Es un equipazo. Y si hoy vuelve a ganar, que nadie lo llame sorpresa.

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