El anfitrión invisible
México ganó con autoridad en el Azteca y la prensa global lo trató como un dato menor. El sesgo proeuropeo en la cobertura de los dieciseisavos no es una anécdota aislada: es una deformación sistemática que se repite jornada tras jornada.
El Reportero · 1 jul

Ayer hubo tres partidos de dieciseisavos y, a juzgar por los titulares internacionales, uno de ellos casi no existió. Francia despachó 3-0 a Suecia con un doblete de Kylian Mbappé y la prensa europea lo narró como la ratificación de una candidatura al título. Noruega sufrió para eliminar 2-1 a Costa de Marfil con un gol agónico de Erling Haaland al minuto 86 y el relato fue el del héroe que rescata a los suyos en el abismo. Hasta ahí, todo en orden.
Pero México, el anfitrión del torneo, también jugó. Ganó 2-0 a Ecuador en el Estadio Azteca con goles de Julián Quiñones y Raúl Jiménez en la primera media hora. Un triunfo contundente, sin sufrimiento, con la autoridad de quien sabe manejar la presión de jugar en casa en una instancia eliminatoria. Y sin embargo, fuera de las fronteras mexicanas, ese partido fue tratado como una anécdota local, un dato al pie de la página mientras las rotativas europeas celebraban el supuesto dominio del Viejo Continente.
El sesgo no es nuevo. Okdiario tituló su crónica del día con el pretendido dominio europeo, colocando las victorias de Francia y Noruega como prueba de una superioridad que los resultados globales del torneo desmienten. El Universal, desde México, hizo lo esperable: crónica triunfalista centrada en la fiesta del Azteca. Cada prensa nacional juega en su trinchera. Pero la narrativa global, esa que se consume como foto objetiva del Mundial, torció el encuadre para que el anfitrión quedara fuera de foco. Lo que no es europeo se narra como exótico, como local, como color. Nunca como central.
La ironía es punzante. México es la casa del Mundial. Ayer llenó el Azteca, ganó con dos goles tempraneros que liquidaron el partido antes del descanso y avanzó a octavos de final sin pasar apuros. Pero en la jerarquía simbólica de la prensa global, ese triunfo valió menos que el trámite de Mbappé o el rescate de Haaland. Como si los goles pesaran distinto según el pasaporte de quien los marca.
Hoy la jornada traerá a Inglaterra, Bélgica y Estados Unidos. Es fácil anticipar la cobertura: los ingleses y su estreno eliminatorio ante RD Congo acapararán el foco, Bélgica generará análisis sobre su despertar tardío, y el Estados Unidos-Bosnia, pese a jugarse en Santa Clara con un anfitrión que también respira localía, quedará probablemente como el plato de segunda mesa. El patrón se repite. Mientras el fútbol se cuente como si Europa fuera el ombligo del mundo, habrá anfitriones invisibles y victorias que valen menos. Ayer México ganó y avanzó. La prensa global apenas lo notó.
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