Cuatro días después: así se está escribiendo la historia del Mundial 2026
La euforia se enfría, las hipérboles se asientan y la conversación entra en su fase más reveladora: la de la memoria selectiva. España campeona, Argentina digna y todo lo demás, ¿qué lugar ocupa en el relato oficial?
El Reportero · 23 jul

Han pasado cuatro días desde que Ferran Torres empujó el balón a la red en el minuto 106 y España conquistó su segunda estrella. Cuatro días son suficientes para que la espuma de la euforia baje y empiece a decantarse lo que quedará: el relato oficial del Mundial 2026. Y en esa decantación, como advirtió DW al documentar la final, ya se perfilan ganadores y perdedores que no siempre coinciden con el marcador del MetLife Stadium.
La prensa española compite estos días en hipérboles que van de "la mejor selección del siglo XXI" a "los reyes de todos los tiempos". Es el código del triunfo: toda conquista necesita una narrativa que la trascienda. Pero lo interesante no es la euforia, esperable y hasta merecida, sino lo que queda fuera de ese encuadre. El partido por el tercer puesto, un vibrante Inglaterra 6-4 Francia con triplete de Bukayo Saka y doblete de Kylian Mbappé, ya es una nota al pie. La despedida de Didier Deschamps, el entrenador que llevó a Francia a tres finales en cuatro grandes torneos, apenas ocupa párrafos marginales. El relato se construye por exclusión.
Del lado argentino, la cobertura ha sido una rareza en el ecosistema mediático del fútbol: sin excusas arbitrales, sin teorías conspirativas, sin agravios. Olé reconoció a España como "merecido campeón"; Clarín tituló con aceptación serena. Es un gesto de civilidad que contrasta con la tradición de buscar culpables externos. La pregunta es si esa sobriedad sobrevivirá a la resaca o si, con el paso de los días, aparecerán los revisionismos de costumbre. La despedida mundialista de Lionel Messi, sin el beso final de la gloria, es un hilo narrativo demasiado potente para que la prensa argentina lo deje reposar en paz.
Mientras tanto, los medios globales ya están archivando el torneo en grandes categorías: la generación dorada de España, el fin del ciclo Messi, el Mundial del orden táctico. Es un empaquetado prolijo, casi administrativo. Pero el fútbol no es prolijo: es un deporte que se juega en los detalles, en los partidos que nadie recordará, en las selecciones que nunca llegaron a octavos y que sin embargo le dieron sentido al torneo para millones de personas. La memoria mediática es selectiva por definición. El problema no es que olvide, sino que decida por todos nosotros qué vale la pena recordar.
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